De ciencias agrarias en colombia


EN VILLAVICENCIO, ANTE LOS ARROCEROS DEL META



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EN VILLAVICENCIO, ANTE LOS ARROCEROS DEL META:

Juan Camilo Restrepo, Ministro de Agricultura, mostró el “cobre”.

Por Ángel Alberto Caro, Presidente ACIA, y FIAC. Bogotá, enero 30 de 2011

Con gran expectativa se esperaba por parte de los asistentes al acto académico de la feria de Catama en Villavicencio que se llevaba a cabo el 21 de enero, la respuesta del ministro de Agricultura sobre la solicitud que los cultivadores de arroz de todo el país le han hecho públicamente de no permitir la importación del grano. El presidente de Fedearroz, quien intervino antes de la presentación del funcionario, fue claro en que las cifras no muestran la posibilidad de un desabastecimiento de este vital ingrediente de la dieta del pueblo colombiano.

El doctor Juan Camilo Restrepo en un momento de su exposición, y en forma sorpresiva, se dirigió en forma vehemente contra una cultivadora de arroz, señalándole que al gobierno no le temblaría la mano para hacer las importaciones, pues con esto “protegería” a 40 millones de consumidores. Los asistentes no entendimos por qué cambió su actitud pausada por una de regaño y especialmente contra una persona que lo único que hizo fue expresar una duda sobre si el gobierno debía autorizar las importaciones.

Con esta actitud, el Ministro dio mala respuesta a una comedida y sustentada solicitud de los agricultores, quienes se enteraron sobre cuál va a ser la política oficial, que no cambia en nada la de los anteriores gobiernos y que ha llevado al país a importar más de 10 millones de toneladas de productos que los podemos obtener con el trabajo y los recursos de los colombianos. El gobierno vuelve con el ya derrotado argumento, por los hechos, que el costo para los consumidores colombianos disminuye con las importaciones, cuando, por el contrario, al quedar a la merced del vaivén de los precios internacionales cada vez más altos, los colombianos tendremos una vida más costosa.

Estos argumentos de tipo populista no se pueden seguir aceptando, pues a los únicos que benefician es a los grandes importadores y para nada al pueblo colombiano. Quienes tenían esperanzas de un viraje en la política para beneficio de los productores y consumidores quedan notificados que no será en este gobierno, por lo cual, la tarea inmediata es impulsar grandes movilizaciones para exigir los cambios que permitan defender la producción nacional y, en este caso concreto, el arroz.


ANOTACIONES CRÍTICAS SOBRE SUELOS, DETERIORO AMBIENTAL Y EL MODELO DE PRODUCCION CAFETERA.

Por Jairo Gómez Zambrano Ing. Agr., M. Sc. Fue Profesor Emérito de la Univ.Nacional de Colombia, sede Palmira. Caficultor en Sevilla, Valle del Cauca.HIDROLÓGICA (Respuesta al Cambio Climático). (jaigoz2002@yahoo.com). Sevilla, Valle del Cauca.

Un resumen:  Cuando llega la tecnologia agropecuaria, nos deslumbramos y nos dedicamos a copiar. Confundimos la tecnología con hacerle muchas labores a un cultivo ó pradera, en utilizar muchos insumos y gastar en equipamiento. Todo ello en contra del bolsillo del agricultor  y muchas veces tambien en contra de las aguas y de los suelos.

Colombia no es USA  ó Europa. Es un territorio muy lluvioso y por ende con suelos ácidos. Así las cosas son territorios que no toleran agresiones degradadoras de las condiciones físicas, químicas y biológicas del suelo.

El modelo imperante de uso indiscriminado de agroquímicos atenta contra la soberanía y seguridad alimentaria (cada vez es más costoso producir y el asunto sanitario empeora), nos hace vulnerables a los extremos climáticos (los fenómenos de niños y niñas hacen desastres en la agricultura, las carreteras, los centros urbanos).

Tenemos entonces una agricultura en contra del medio ambiente y en contra del agricultor.  

Llevo en agricultura experiencia crítica desde el año 1978. Como profesor - investigador en la UN Palmira de 1969 al 2001 en áreas de suelos y aguas. Orienté las tesis dirigidas a otros enfoques diferentes de los imperantes (un título a manera de seña:  ACUATENENCIA DEL RIO EL BOLO ) y pude unir teoría y práctica, principalmente en cultivos permanentes.  

Hace tres años empecé a resumir esas teorias y experiencias bajo el tema de AGRICULTURA HIDROLOGICA  documento que se puede consultar en google, si se busca por agricultura hidrológica. 

SOBRE EL ABONAMIENTO.

...... El abonamiento al suelo depende de muchos factores, uno de ellos es el tipo de cultivo.

1.-Para cultivos de hoja como cilantro, repollo, lechuga, etc el abonamieto orgánico puede ser exitoso. Pero para una demanda fisiológica mayor como es el caso de especies vegetales que se cultivan para flor ó para fruto (café, frutales) en el trópico se requiere para el éxito ayudarse con los abonos de síntesis química.

Tal es la propuesta desarrollada por Orsellco  - orgánicos de Sevilla  - que consiste en mezclas físicas de abonos orgánicos idoneos (pH mayor de 7,0 y residuo diversos), con los abonos de síntesis química,  que se hacen en  forma creciente. Ejemplo, se arranca con 3 volúmenes del de síntesis química por 1 volúmen de orgánico hasta llegar a 4 volúmenes de orgánico por uno de síntesis.

Esta tecnología tambien la proponen los brasileños en la revista Informe agropecurio, como la nueva revolución de la agricultura por cuanto une las ventajas de los orgánicos y de los de síntesis y reduce sus limitaciones. De paso se mejora la densidad gravimétrica y  la calidad de la producción.            

2.- El manejo de malezas. La agricultura convencional de los agroquímicos, nos han difundido el cuento de que hay que arrasar con las malezas (buenezas ó arvenses) por que compiten con el cultivo por nutrientes, por agua y por luz y que son fuente de plagas y enfermedades. La realidad para el trópico es otra : sí, las malezas son competencia LEAL. Toman prestados los nutrientes, pero no se los llevan de la finca. Al contrario los devuelven con intereses, incorporados en la necromasa y por lo tanto más dificilmente lixiviables.

En cuanto al agua, nada mejor que no arrasarlas, ya que una vez efectuado el control mecánico, llevan materia orgánica al suelo y mejoran la infiltración y la capacidad de almacenamiento de agua, para tolerar mejor los efectos negativos de las sequias de los niños. En cuanto a luz la altura de los cultivos indicaran cada cuando se realiza el control mecánico. Por el lado sanitario, nada más mentiroso de afirmar que es fuente de plagas y enfermedades: los cultivos son susceptibles a problemas sanitarios por asuntos ambientales y por inadecuada nutrición.

Hay que aplicar la teoría de la trofobiosis del colega francés F Chabousaud quien inicia esta escuela afirmando que las plantas se afectan sanitariamente por desnutrición y EUREKA  tengo controladas la roya, la broca, la muerte descendente, la hormiga arriera, etc, etc  sin venenos de síntesis. Para café y en banano , el mal de panamá y las sigatokas y en pitaya la pudrición de la penca y el fusarium del fruto.  No hay que mirar a las malezas como costo si no como la mejor inversión que el agricultor no hace.  He ido a Urabá como asesor en tres oportunidades y allá le perdieron el miedo a las malezas y hacen mucho compostaje.  
CENICAFE TRAICIONA EL TROPICO

Cuando indico que Cenicafé ha traicionado el trópico, tengo estos argumentos: 

1.- Impulsan ellos el abonamiento con productos de síntesis química, los cuales acidifican el suelo, propician el lavado de nutrientes, compacta y deshumifica (con la consiguiente pérdida de capacidad de intercambio catiónica). Ello por una razón primaria de química: cuando se aplica úrea al suelo sola ó en abonos compuestos, merced a la ureasa y a la presencia de níquel, se transforma hacia carbonato de amonio, formandose entonces una solución alcalina transitoria que hace que el humus se desligue de la fracción mineral, quedando en la solución del suelo.

2. Si estamos en una zona lluviosa, como lo es Colombia en su mayoría, el lavado subsecuente arrastra los ácidos húmicos y fúlvicos hacia abajo en proceso de percolación profunda  y tenemos entonces la deshumificación....................las malezas cortadas, al descomponerse liberan ácidos grasos volátiles como el butírico, el cual tiene un efecto nematicida, como vez ayudan en la sanidad.        

3.- La sanidad. Los vegetales en su filogenia, llegaron hasta nuestros días, venciendo problemas sanitarios.

El tipo de agricultura convencional con químicos de síntesis cura en el corto plazo a un costo y riesgo alto para el agricultor, pero nefasto en el largo plazo. La fertlización con productos de síntesis química debilita el suelo para proporcionar una adecuada nutrición a los cultivos. Hoy tenemos muchas ayudas para lograr sanidad:

a.- Materia orgánica del suelo.  

b.- Manejo razonable de malezas.

c.- Trofobiosis a través de aplicación científica de los llamados elementos menores como boro, zinc, cobre, manganeso, hierro, níquel  y del silicio, los cuales son parte de coenzimas facilitadoras del metabolismo de los elementos mayores.   

d.- La remineralización, con rocas calcinadas y molidas. Un reciente artículo de los israelitas anota que algunas de las rocas ígneas  contienen nitrógeno.

e.- Manejo del pH del suelo. Por ejemplo, se maneja roya con abundancia catiónica a través de fuentes de potasio y cal dolomita, contrario al Alto 100 regalado por el gobierno a traves de Fedecafe para el control de roya y en detrimento de las aguas lo cual ya ha causado mortalidad de peces......
EQUÍVOCOS DE FEDECAFÉ. 

Como casi toda la agricultura moderna, Fedecafé a través de Cenicafe y de la Gerncia Técnica ven al caficultor como una persona dispuesta a comprar y comprar insumos y equipos, cuando algunos de los insumos son dañinos para el bolsillo y para el ambiente.   

1.-   MODELO DE RENOVACION . Que horrible recomendación la de la renovación por soqueo.  Son en promedio 2 años en los cuales un área sale de producción pero eroga muchos gastos.   Aún las variedades modernas pueden programarse para 30 ó más años sin soqueo.   Cual es entonces la razón de la recomendación de soqueo?   Será para cumplir con la Banca para ciclos de crédito ?... Mejor sería ampliar distancias de siembra y descopar.   

2.- MODELO DE FERTILIZACIÓN EDAFICA   En investigación y en recomendaciones, sólo es válido el modelo de fertilización con productos de síntesis química. A los abonos orgánicos los desprecian  Los abonos de síntesis que tengan nitrógeno, como la úrea y los compuestos lleva a la acidificación de los suelos y las consecuencias son  : 

a) Se reduce la eficiencia de adsorción de nutrientes  hasta un 20%, por cuanto nos alejamos del pH óptimo de 6,5 

b) Se lavan ó lixivian los cationes, debido a la deshumificación consecuente y disminución de la capacidad de intercambio catiónico ( se pierde el coloide humus y se reduce la carga dependiente del pH )   

c )  Se debilita el arbolito de café como consecuencia de  los dos puntos anteriores  y entonces se vuelve susceptible a plagas y enfermedades , ó si nó tengamos en cuenta el desastre por la roya.

Como solución productiva, económica y ambientalista se sugiere el modelo de fertilización orgánico-sintético, la cual es amable con el productor al no esquilmarle tanto el bolsillo y hace parte de la AGRICULTURA HIDROLOGICA como respuesta idónea a los extremos climáticos.   (Fedecafé hace mendacidad al afirmar que sólo la variedad Castilla es la respuesta al cambio climático) 

3.- MODELO DE FERTILIZACION FOLIAR . Es casi para risa que ellos sigan negando los efectos benéficos de la fertilizaciÓn foliar, que es parte de la filogenia. Algo así como "no te lo puedo creer".  

4.- MODELO DE MANEJO DE MALEZAS. El control con herbicidas, es ahorro de corto plazo, comparado con los controles mecánicos, pero se deja de invertir en necromasa para enriquecer el "pool" de materia orgánica del suelo. Las malezas son competencia leal.   Como alternativa se sugiere reducir ó cancelar el uso de herbicidas 

5.- EL MODELO SANITARIO. En los últimos años, Fedecafé se ha recostado en control sanitario con productos de síntesis química como por ej. el Alto 100 para la roya, a sabiendas que contaminan las aguas  (ya han causado mortalidad de peces) y no tiene antídoto conocido en caso de intoxicación.

Uno se pregunta entonces, cual el el negocio?  Como alternativa , hay que decir que existen numerosas soluciones sanitarias que no pasan por los productos de síntesis.       

EN RESUMEN Fedecafé ha traicionado al trópico y a los caficultores y por sus recomendaciones en alguna oportunidad pudiera ser sujeto de demanda por el detrimento patrimonial de los suelos y de las aguas, que en parte se manifiesta en inundaciones, daños de vías, etc como en las pasadas olas invernales. No tienen un modelo sostenible ni biofísico ni socioeconómico.

SOBRE LA AGRICULTURA HIDROLÓGICA

La agricultura hidrológica permite mejora de la productividad y reducción de gastos. Te invito a Sevillimero por tu labor gremial, de amplio espectro, que mucho puede beneficiar al gremio.

Te anexo documento y presentación de AGRICULTURA HIDROLOGICA una opción para enfrentar el cambio climático. Vengo con un desarrollo teórico y práctico de más de una decada y el semestre pasado lo presenté en Villavicencio en un evento sobre Agricultura de Conservación auspiciado por la Sociedad Colombiana de la Ciencia del Suelo, Corpoica y Ciat.

Rompe el paradigma de creer que solo la reforestación permite la regulación de aguas y de otra parte fuera de evitar las pérdidas billonarias de los extremos climáticos, ayuda a elevar productividades y abaratar costos. Te invito a Sevilla para que lo veas en vivo y en directo. Si llegara a reconocerse, ayudaria al empleo y prestancia del gremio.


AGRICULTURA HIDROLÓGICA-

Ante el cambio climático y su manifestación más sensible, los extremos climáticos, se deben modificar algunas de las prácticas agrícolas. Un conjunto de ellas constituye la AGRICULTURA HIDROLÓGICA, que se define como una serie de prácticas y restricciones que conserven o mejoren la calidad y cantidad de la materia orgánica del suelo, con lo que se logre elevar la capacidad hidrológica del suelo, esto es, su capacidad de infiltración y almacenamiento de agua.

Se indican las prácticas que permiten hacer llegar razonablemente diversas formas de aporte de materia orgánica al suelo, como es el manejo de malezas, el abonamiento orgánico-sintético, las enmiendas y sustratos orgánicos idóneos, etc. Así como algunas restricciones como reducir la ganadería extensiva en zonas de ladera húmeda, los herbicidas y la úrea.

Se refieren las experiencias exitosas en algunos cultivos de café, banano y pitaya, por su manifestación sensible en costos, productividad y calidad.

Palabra clave: Agricultura Hidrológica, Infiltración, Urea, Malezas

(www.google.com/agriculturahidrologica/jairogomezzambrano)


5. EL AGRO COLOMBIANO Y SUS PROBLEMAS FUNDAMENTALES.

Por Carlos Eduardo Naranjo Ossa y Eudoro Alvarez Cohecha. Ponencia presentada en el ATENEO Agroalimentario el 12 y 13 de mayo de 2011 en el Hotel Nutibara de Medellín.

El campo colombiano ha enfrentado históricamente graves dificultades. Pero, sin ninguna duda, las dos principales son las que provienen de las imposiciones norteamericanas y de la creciente concentración de las mejores tierras en un reducido número de cada vez más poderosos latifundistas.

La historia viene de muchos años atrás. Y en este Ateneo, que cuenta con una notoria participación de ingenieros agrónomos, es bueno que recordemos que el grito de alerta lo dimos tempranamente, así haya llegado a oídos sordos, desde la Asociación Colombiana de Ingenieros Agrónomos, ACIA.


En abril de 1971, la asamblea anual de esta Asociación vivió un intenso debate entre dos sectores claramente definidos: por un lado los agrónomos que estaban empotrados en los principales cargos de las instituciones y empresas del sector agropecuario y, por el otro, un importante número de colegas jóvenes que plantearon fuertes críticas a la política agraria oficial y se aprobó mayoritariamente una importante resolución que respaldaba las masivas invasiones que los campesinos venían adelantando contra los latifundios improductivos de diversas regiones del país. Pero esta asamblea fue apenas el abrebocas para lo que vendría más adelante.
En noviembre de 1971, en Medellín, se reunió el VI Congreso Nacional de Ingenieros Agrónomos, en el cual se debatieron intensamente los graves problemas que ya sufría el campo colombiano. Un buen número de ponencias coincidieron en señalar sus críticas al papel antinacional que jugaban institutos como Incora, ICA, Inderena, Caja Agraria e Idema, instrumentos de aplicación y desarrollo de las políticas que el Departamento de Agricultura de Estados Unidos le imponía a Colombia.
Esto tenía sus razones de fondo, y para comprenderlas es conveniente devolvernos a los años cincuentas. Recién terminada la Segunda Guerra Mundial, al resumir las experiencias de esa conflagración, los dirigentes de las grandes potencias capitalistas tuvieron que dedicarle un buen tiempo a la producción agraria y a su importancia decisiva en los períodos de conflicto militar. Siempre se ha creído, y muchos dirigentes caen en ese error, que la guerra se hace solamente con bombas, fusiles, cañones, misiles y ojivas nucleares. Algunos pasan fatalmente por alto que quienes disparan los cañones y lanzan las bombas deben alimentarse, que los alimentos tienen que ser transportados en vehículos conducidos por hombres, que la economía de las naciones en guerra debe dedicarse en gran parte a fortalecer la industria de producción de materiales de combate (aviones, tanques, acorazados y las respectivas municiones y combustibles) pero que no pueden abandonar la agricultura porque los habitantes de todos los países, se encuentren en guerra o no, necesitan alimentarse. O sea, que una buena parte de los esfuerzos nacionales deben estar orientados a la producción agraria, ya que sin ella pueden quedar bloqueados en determinado momento. Si no alimentan sus tropas, éstas pueden desfallecer; y si no alimentan a los obreros que quedan en las fábricas, así sea para producir materiales de guerra y uniformes para los soldados, esos obreros pueden morir, o rebelarse. Es lo que después de la Segunda Guerra Mundial empieza a difundirse con el concepto de seguridad alimentaria. Y las potencias entendieron que es vital velar por su propia producción agropecuaria.
Entendieron, además, que una gran producción de alimentos no sólo es fuente de seguridad para un país sino que puede ser el camino para su fortalecimiento económico. Por ejemplo, el poderío y el prestigio nacional e internacional que tuvo Juan Domingo Perón, el popular dictador argentino, se debió, en gran medida, al buen manejo que durante la Segunda Guerra Mundial y los primeros años de posguerra hizo de la riqueza agropecuaria de su país. Desde finales del siglo XIX Argentina era uno de los graneros del mundo, como gran productor de cereales, carne y derivados lácteos en general, y durante las dos guerras mundiales aprovechó para vender bien los alimentos que producía, consolidar su mercado interno y expandir sus exportaciones, principalmente las agropecuarias, con altos precios y muy buenas ganancias. Utilizando el arma de su gran producción de alimentos, Perón, alrededor de la Segunda Guerra abasteció los países hambreados, maniobró con destreza y le vendió a los dos grandes bloques en pugna. Con los recursos obtenidos fortaleció el Estado mediante una serie de nacionalizaciones, entre las cuales la más importante fue la del comercio exterior: creó el IAPI (Instituto Argentino para la Promoción del Intercambio) y por su intermedio compró la producción agropecuaria nacional a precios fijos y la vendió a precios altos en el mercado internacional, lo que le dio para financiar sus planes de gobierno, apoyar la industria argentina, subsidiar el consumo de la mayoría de la población, elevar los salarios, acabar prácticamente con el desempleo y reducir en forma considerable la deuda externa. A todos los dejó contentos y, de paso, controló férreamente los sindicatos, que se convirtieron en base importante de su fuerza política.

La bonanza argentina empezó a desvanecerse en la medida en que los países capitalistas se dedicaron a estimular su propia producción después de la guerra. Y el paraíso se convirtió en infierno cuando Estados Unidos impuso su política recolonizadora sobre América Latina y le apretó las tuercas a sus gobiernos lacayos. En las últimas tres décadas del siglo veinte, los gobernantes que sucedieron a Perón, militares o civiles, terminaron con lo que éste construyó, aplicaron a sangre y fuego las órdenes norteamericanas, debilitaron paulatinamente la economía, llevaron el desempleo a cifras cercanas a 20% y pusieron los sectores más pobres del pueblo a comer gatos para poder sobrevivir. En los años noventas hubo un nuevo y notable crecimiento en el sector agrícola de ese país, pero controlado por potentados extranjeros como Soros y Benetton y las grandes comercializadoras de granos, como Continental Grain Company (Allied Mills), Bunge y Born, André y Cargill Inc. (o sus subsidiarias), que habían sido debilitadas por el monopolio estatal montado por Perón. Una nación que estuvo en tránsito al primer mundo fue devuelta a las filas de los países tercermundistas. En el presente siglo, y con los esposos Kitchner a la cabeza, el Estado argentino ha tomado ciertas medidas en el sector agrario para que esté al servicio del país y su soberanía alimentaria, lo que trajo el año pasado movilizaciones agrarias que la gran prensa del continente mostró como luchas democráticas pero que no fueron otra cosa que la gran burguesía agroexportadora resistiéndose a perder su poder.


Estados Unidos fortalece su agro

Volvamos atrás. Estados Unidos no sufrió por la guerra, se benefició de ella. Y no vivió como Europa el dolor y la vergüenza de que miles de personas murieran de hambre y frío en las calles de sus ciudades. Pero recogiendo experiencias de esos fatídicos años, inmediatamente después de terminado el conflicto, la potencia del Norte dedicó sus más grandes esfuerzos a fortalecer su producción agrícola. Para 1949, el Departamento de Agricultura de los Estados Unidos era ya el tercero dentro de lo que podemos llamar la jerarquía de los “ministerios” de esa nación, con un inmenso presupuesto y miles de funcionarios, de todas las disciplinas profesionales, que fueron dedicados a impulsar su política agrícola general: acelerar su producción interna y llenar en el exterior los espacios de mercado dejados por los sectores productivos que ellos quebraban. Fue, además, el comienzo de una intensa carrera para consolidar la ventaja que le había sacado a Europa y a la URSS en la producción agraria, aprovechándose de que su desgaste fue mínimo por haber ingresado al conflicto sólo al final y fuera de su territorio..

Para cumplir el cometido de impulsar su agro, el Departamento de Agricultura llegaba a todos los distritos rurales del país con créditos oportunos, suficientes y baratos, seguros para las cosechas, asistencia técnica e investigación científica y con una serie de programas que controlaban cuánto producían los agricultores y cuánto recibían por sus cereales. A mediados de los años cincuentas, o sea, 10 años después de terminada la guerra, Estados Unidos era ya la única superpotencia agrícola en el mundo y el primer exportador de cereales, con sus firmas comercializadoras ubicadas en todo el Planeta. Los excedentes de producción se contaban por millones de toneladas, que era necesario vender o colocar de alguna manera. Sin embargo, los demás países no tenían con qué comprar esos sobrantes, ni hábitos de consumo para requerirlos, o estaban impulsando su propia agricultura, como era el caso de Europa. La estrategia fue entonces crear condiciones favorables para el comercio alimentario y hacer que los otros comieran al estilo gringo. El primer paso fue convertir paulatinamente a los consumidores de arroz y maíz en consumidores de trigo y facilitarles la compra de este cereal. No ha sido usual que los conquistadores cambien masivamente las costumbres alimenticias de sus conquistados, pero Estados Unidos lo logró masivamente en los últimos 60 años.

Para apoyar su estrategia, Washington aprobó una serie de medidas, la más importante de las cuales fue la llamada Ley Pública 480, y apoyándose en ella llevó a los distintos países, especialmente a los llamados del Tercer Mundo, a adquirir sus excedentes agrícolas y a cambiar su régimen alimentario. Los cereales han sido históricamente el alimento principal de la humanidad. Para Lenin : “El cereal es la divisa de las divisas”. Y Mao Tse Tung, el gran dirigente del pueblo chino, advertía que quien controlara los cereales controlaría el mundo. El gobierno estadounidense puso sus mayores esfuerzos en la producción y control del comercio mundial de cereales.


La Ley Pública 480, instrumento imperialista
En el VI Congreso Nacional de Ingenieros Agrónomos, ya mencionado, Fabián Ramírez presentó una magnífica ponencia, Aspectos negativos de PL 480, que nos muestra en toda su desnudez a quién servía el Idema al acoger esa ley para distintos negocios de importación de productos agrícolas: “La Ley Pública 480 no puede considerarse como ‘ayuda’ puesto que el país donante obtiene ganancias”. En otra ponencia, Problema nacional y agrario de Carlos Naranjo y Héctor Julio Ruiz, decíamos: “En 1970 el Idema importó aproximadamente 25.000 toneladas de maíz cuyo costo final (según documento de Roberto Morales, gerente del Fondo Financiero Agrario) fue superior a $2.300.oo la tonelada, es decir, más costoso que los mayores precios que tuvo el producto nacional cuando se tildaron de especulativos” (el destacado es nuestro). (Nota: estas y otras informaciones del VI Congreso pueden consultarse en el libro La tierra para el que la trabaja II. Editorial Punto y Coma, Bogotá, 1975).
Harold D. Cooley, presidente del Comité Agrícola del Senado de los Estados Unidos, citado por Ramírez, aconseja a los representantes norteamericanos en el exterior: “Nosotros estamos interesados principalmente en deshacernos de estos excedentes, no importa cómo lo hagan y bajo qué autoridad. Queremos que sean vendidos en dólares, en moneda extranjera o aun regalados” (El destacado es nuestro). Y Tweeten, también citado por Ramírez, concluye: “es más antieconómico para los EEUU almacenar los excedentes por dos o más años, que donarlos y pagar el transporte”. Pero el Idema pagó precios más que especulativos en las compras que le hizo en la época a Estados Unidos.
“Los países subdesarrollados subsidian la economía norteamericana a través de PL 480 y de trigo que es un alimento que podría ser reemplazado por un producto doméstico, especialmente en los países tropicales”, nos dice Ramírez, y él mismo expresaba en la ponencia citada: “El trigo constituye el mayor componente de la ayuda”. No es casual, pues, que sea el trigo en Colombia el segundo producto agrícola de mayor importación y que casi se haya terminado con su cultivo desde los años sesentas.
Ramírez, anota: “Funcionarios de la FAO concluyen que el desarrollo agrícola necesario y deseable en los países subdesarrollados o en desarrollo no podrá ocurrir si continúa la PL 480, pues la parte agrícola de su economía se ve sometida a fluctuaciones de precios debido a la “ayuda”. Con la aplicación de esta política el Idema presentó año por año grandes pérdidas que el gobierno llamaba “subsidios al pueblo consumidor”, pero que eran realmente regalos a la potencia americana, regalos que pagó el pueblo colombiano, para que acabaran con su producción agrícola.

Se llegó a extremos inconcebibles cuando el Idema importó cigarrillos americanos como excedentes agrícolas, poniendo en aprietos a la industria tabacalera del país, que igual que los agricultores de trigo, maíz, fríjol, cebada, sufrió los golpes demoledores de esa antipatriótica política del gobierno colombiano.


Algo de la historia triguera nacional

En los últimos decenios, con la política neoliberal, Estados Unidos logró el monopolio mundial de la producción y el comercio de toda clase de alimentos. En nuestro país el neoliberalismo ha tenido su mayor desarrollo a partir de 1990, pero tenemos antecedentes bien importantes. Como en el campo agrícola el aspecto fundamental es la producción de cereales, y no la producción de flores, pitaya, mora de Castilla, higos o morera para alimentar gusanos de seda, el primer golpe se le da a Colombia precisamente en su producción de trigo. En 1954 prácticamente nos autoabastecíamos de este cereal. Pero en desarrollo de la política norteamericana, en esos años vinieron al país una serie de funcionarios gringos, hicieron firmar un “convenio triguero” según el cual comprábamos barato el cereal y lo pagábamos con buenos plazos y bajos intereses, hasta el punto que los gobernantes nuestros argumentaban que “era más barato comprárselo a Estados Unidos que producirlo en Colombia”, de la misma manera, por la misma causa y por la misma época en que el Chian Kai-shek propagaba en Taiwan: “Comer trigo es patriótico”. Obedeciendo los lineamientos de la Ley 480, Colombia empezó a cambiar sus hábitos alimenticios, se consumieron más pan y galletas, hamburguesas y perros calientes, y se elevó paulatinamente el consumo de trigo hasta llegar a importar alrededor de un millón de toneladas al año. Es bueno anotar que al terminarse en 1960 el “convenio triguero”, se terminó también el trigo barato y tuvimos que pagarlo caro y de contado, lo que hemos hecho durante las últimos cuatro décadas. Esto llevó a que su producción apenas llegue a unas 40 mil toneladas anuales (40.245 toneladas en el año 2005, según Fenalce), en pequeñas siembras familiares de Nariño y Boyacá, y que incluso parte de la política agraria sea eliminar esos reductos.



Fue el primer golpe directo a la producción agrícola nacional. Si saltamos unos años, encontramos que a finales de la década de los 60 y comienzos de los años setentas viene la ofensiva contra otro producto nuestro, completamente nuestro, de gran consumo para la alimentación humana, para la ceba de animales y para la industria de alimentos concentrados. Hablamos del maíz. Hoy, para mantener los consumos de este grano tenemos que importar anualmente más de tres millones de toneladas (3.3 millones de toneladas, datos de Fenalce) Desde el año agrícola 1969-1970 empezó a declinar la producción maicera; en ese año se produjeron en Colombia 1.250.000 toneladas. En el año 2007 la cosecha fue de 1. 370.000 toneladas, pero para un consumo anual de 4 millones 500 mil toneladas. Es decir, el mayor consumo de maíz en Colombia ha sido suplido con importaciones, a pesar de que tenemos suelos, climas y conocimientos para producir más, mucho más. Valga la pena señalar que un buen porcentaje del avance investigativo y tecnológico de Estados Unidos en la producción maicera tiene como base el germoplasma que se llevaron de nuestros países. Desde hace unos años está de moda hablar de la biodiversidad, del germoplasma, de los genes, pero hace 25 años, a 99.9% de la gente le parecía extraordinario que Estados Unidos viniera a investigar, que montara sus centros de investigación, que nos “ayudara” en la tarea de desarrollar el campo. No nos creían que esa investigación era para robarse nuestra riqueza genética, como ocurrió con la del maíz.
Los cereales y la disputa USA-URSS
Algunos investigadores y “politólogos” señalan que el avance aceleradísimo de Estados Unidos en la producción agropecuaria de la posguerra precipitó la caída de la Unión Soviética y la pérdida de la carrera por el control del mundo, pues esta se dedicó a producir armas y se olvidó de la producción agrícola. Sobre eso hay un enfoque importante y es que a mediados de la década de los años setentas, cuando estaba más aguda la confrontación entre las dos grandes superpotencias, se produjo por los gringos lo que se conoció como el “embargo cerealero”. A la débil agricultura soviética se le agudizaron los problemas, la sequía causó graves daños a los granos sembrados, el noveno Plan Quinquenal entró en dificultades y, por tanto, se desvanecía la esperanza de una mejor alimentación para los soviéticos, a menos que se acudiera a multimillonarias compras de cereales extranjeros, y sólo Estados Unidos podría disponer de tales cantidades. Después de largas e intensas negociaciones en las que participó el gobierno norteamericano al más alto nivel (el presidente Gerald Ford y el secretario de Estado Henry Kissinger estuvieron pendientes de ellas, dando orientaciones personalmente a sus negociadores), le impusieron sus condiciones a la URSS. Por eso algunos platean que ahí empezó el declive de la superpotencia del Este.
El hecho concreto es que desde ese momento Estados Unidos pudo hacer y deshacer en el sector agropecuario y, especialmente, en la producción cerealera. No hay quien le compita. Se da el caso del arroz, por ejemplo. Estados Unidos está en un puesto secundario entre los productores de arroz, pero es el tercer exportador mundial (solo produce el 1.5% del total en el mundo). ¿Por qué? Porque los gringos solo consumen una mínima parte de lo que cosechan. Al contrario, en China prácticamente se utiliza todo el que se cultiva. En Colombia sucede lo mismo: somos importantes productores de ese grano, pero todo se queda para el consumo interno. Igual ocurre con Tailandia, Japón, Vietnam. En cambio los gringos colocan en el mercado internacional la mayor parte del arroz que cosechan.

Hace varios años señalábamos que después de acabar con el trigo, de golpear mortalmente el maíz, de ponernos a importar la inmensa mayoría de la cebada que se consume en el país y debilitar la producción de sorgo, los gringos vendrían por el único cereal que nos quedaba, el arroz. ¿Por qué querían acabar o por qué pretenden acabar con la producción de arroz? Se debe señalar que en 1997 entraron más de 400 mil toneladas de arroz a Colombia e incluso en 1999 se importaron legalmente alrededor de 200 mil toneladas, sin contar el de contrabando que entra por Venezuela y por Ecuador, pero que viene es de Filipinas, Indonesia y Tailandia. La Asociación Nacional por la Salvación Agropecuaria advirtió que el objetivo era quebrar la producción nacional arrocera. En las bolsas agropecuarias se manejaban por esos años unos diez o doce millones de toneladas de arroz al año que, comparadas con la bolsa de maíz o la bolsa de trigo, eran una suma ridícula. Pero para el comercio exterior el mercado colombiano era y es muy importante porque aquí estamos consumiendo dos millones y medio de toneladas de arroz pady (lo que equivale a 1.8 millones de arroz blanco). En los cálculos económicos de las grandes comercializadoras mundiales quebrar nuestra producción arrocera y lograr que Colombia tenga que importarlo es un buen bocado.


Ofensiva neoliberal de Estados Unidos

Después de derrotar a la Unión Soviética y quedar solo en el mundo como superpotencia, Estados Unidos arreció a comienzos de los años noventas, como para cerrar bien el siglo XX, su ofensiva de política aperturista. En Chile iniciaron su aplicación en 1973, a partir del golpe de Estado de Pinochet contra Salvador Allende. Pero en Colombia fue después del desplome del “socialismo”, después de 1989, ya que los gringos saben que este es un país difícil de manejar y necesitan hacerlo con cuidado. La propaganda de la apertura económica se lanzó a finales del gobierno de Barco, pero su aplicación fue a partir de la administración Gaviria. E inicialmente plantearon apertura económica solamente para la industria, porque según ellos la industria era monopolística en Colombia y había sido protegida durante las últimas cuatro o cinco décadas, por lo cual se conformaron unos grupos económicos muy poderosos y era necesario romper esos monopolios. Pero en 1991 también le apretaron todo el acelerador a la apertura en el campo

Los elementos principales de esa apertura fueron:

1. Se abrió el mercado nacional para las importaciones agropecuarias. Se bajaron al mínimo las tasas arancelarias, respetando algunos de los acuerdos sectoriales, con el Pacto Andino por ejemplo, países a los cuales también Estados Unidos les aplicó la apertura y bajó los aranceles. Por ese camino, además, dio con frecuencia la conocida “triangulación”, para eludir las barreras de esos acuerdos sectoriales, pues el producto llegaba de un tercer país a alguno de los firmantes del pacto, y luego éste lo enviaba a cualquiera de sus compañeros de convenio. De esa manera a Colombia ha llegado arroz de Indonesia, Tailandia o Vietnam. Hoy se importa toda clase de productos agropecuarios. Inclusive es importada una buena parte del café consumido en el país. Y nos ha llegado papa de Canadá, Holanda o el Perú.


2. Se acabó el crédito de fomento. Tenemos un crédito con tasas confiscatorias. Inicialmente dejaron unos puntos diferenciales entre los pequeños agricultores y los grandes y entre el crédito agropecuario y comercial o industrial, pero eso lo acabaron. La Caja fue convertida primero en un banco comercial más, compitiendo por rentabilidad con los pulpos financieros y luego la cerraron, para abrirla luego como Banco Agrario de Colombia, pero con una importancia muy reducida. Luego, cuando presuponían que el TLC sería aprobado con rapidez, Álvaro Uribe Vélez creó el Agro, Ingreso Seguro, con los resultados conocidos por todo el país y que, es bueno recordarlo, fueron anunciados por el senador Jorge Robledo, cuando en el Congreso se discutía el proyecto para darle nacimiento a ese engendro. En una de sus intervenciones señaló que Agro, Ingreso Seguro sólo serviría para “aceitar la maquinaria clientelista de Uribe”. Los hechos le dieron la razón, y fue él precisamente quien años más tarde empezaría a destapar esa olla podrida.
3. En la comercialización eliminaron las pequeñas ayudas. Hoy los agricultores viven en “el sálvese quien pueda”. Acabaron con los precios de sustentación. Inclusive el café es sometido al vaivén del cambio internacional de los precios. Hasta 1991 el Estado cumplía con el Idema una función reguladora de precios, así fuera en una mínima parte. Este instituto, debe recordarse, fue acabado en el gobierno de Ernesto Samper. Para reemplazarlo se estableció la Bolsa Agropecuaria, que hoy es la Bolsa Mercantil de Colombia, en la cual los productores deben pagar altas comisiones por los negocios que se hagan por su intermedio. .
4. Acabaron con la investigación y la transferencia de tecnología para el campo. El ICA fue “reestructurado” y le quitaron toda responsabilidad en la investigación, después de haber sido su tarea principal durante más de treinta años. Y le dejaron un presupuesto miserable para proteger la sanidad agropecuaria nacional de la entrada de plagas nuevas no existentes en el país, de enfermedades, de virus, de nematodos etc. Dejaron el campo a la deriva. En el país han aparecido plagas y enfermedades nuevas, que han puesto en aprietos al ICA y al país. La investigación, es bueno que nosotros lo recordemos, tiene un complemento, la transferencia de tecnología. En el ICA acabaron la asistencia técnica a los pequeños agricultores y los programas de publicaciones; lo mismo habían hecho en la Caja Agraria. En general toda investigación es costosa. En el capital privado sólo pueden hacerla las multinacionales. Desarrollan sus paquetes tecnológicos para venderlos a altísimos precios y a nivel mundial, porque no tienen otro interés que las grandes ganancias. Corpoica fue creada como la solución para la investigación rural, con estructura de empresa mixta, pero terminó haciendo investigación por demanda y, lógico, quienes la hacen son las grandes plantaciones. La asistencia a la producción financiada con créditos de Finagro fue eliminada desde 1993..

5. De reforma agraria ni para qué hablar. Desde apenas entrados los años noventas el Incora se convirtió en una pequeña empresa o bolsa de propiedad raíz rural. Y últimamente, cuando pretenden hacer creer en la “reparación a las víctimas” y en el retorno a sus tierras de los campesinos desplazados por la violencia, cambiaron el Incora por el Incoder. “Cucarachas del mismo calabazo”, dicen los agricultores costeños; “la misma perra con distinta guasca”, repiten los del interior. Lo grave de esta nueva pantomima es que los “reparados” serán enganchados a los planes de grandes empresas controladas por el capital financiero. Ya lo han dicho cínicamente varios funcionarios del Ministerio de Agricultura: “Con el capital financiero vamos a quebrarle el espinazo al feudalismo”. Dentro de unos años oiremos decir a nuestros pobladores rurales: “Salimos de Guatemala para caer en Guatepeor”.

En gracia de discusión aceptemos que se logra aplicar la “reparación” que defiende el ministro Juan Camilo Restrepo. ¿Será una verdadera solución? No lo creemos. Juan Manuel Santos habla de devolver dos millones de hectáreas. Sin embargo, datos oficialmente aceptados, informan que los terratenientes, con el apoyo paramilitar, se han tomado más de seis millones de hectáreas y las pocas que han restituido han sido a costa de asesinatos a los líderes agrarios que han acompañado esos reclamos. El plan de desarrollo de Santos, plantea entregar los baldíos de la nación a los grandes propietarios (solo en la altillanura son más de seis millones de hectáreas). Cuando se mantiene la política neoliberal, e incluso se anuncia su fortalecimiento con la aprobación en Washington del TLC con Estados Unidos; cuando del exterior siguen entrando anualmente millones de toneladas de productos agrícolas; cuando miles de campesinos están embargados o al borde del embargo; cuando se cuentan por miles los agricultores quebrados; cuando la violencia proveniente de distintos flancos se pavonea por los campos; cuando no hay vías, ni sistemas de mercadeo, ni tecnología ni investigación que apoyen a los productores; cuando el crédito se desvía en beneficio de unos cuantos, ponernos a hablar de que la solución es entregarle una parcela a un campesino es una burla, es un chiste cruel, que nos recuerda al buzo que recibe en el fondo del mar un aviso del barco: ”Súbete que nos hundimos”.

La única posición seria en la época que vivimos en Colombia es organizar a la gente y a los agricultores, inclusive a los empresarios agrícolas y a sectores pequeños y mediados de los terratenientes, organizar lo más ampliamente posible el sector agropecuario para enfrentar la política neoliberal que busca quebrar totalmente la agricultura colombiana. Dejarnos, si acaso, una agricultura regional de subsistencia.


Agricultura campesina vs agricultura empresarial

La propaganda imperialista de esta época, la del Banco Mundial y las agencias gringas y de las entidades nacionales que les hacen el juego, está dirigida a que la gente crea que lo correcto es defender la agricultura campesina, de subsistencia, y atacar la agricultura empresarial. Es lo que en general la gente entiende o acepta, pues es muy bonito y relativamente fácil plantear que primero se debe defender al campesinado. Casi que por tradición católica, por aquello de la caridad, se dice “sí, claro, hay que defenderlos; cómo no vamos a defender a un pobre campesino que no alcanza a mantener a su familia en la pequeña parcela que tiene, o que no tiene parcela y debe trabajar como arrendatario, como conuquero, al servicio de un terrateniente”. Es cierto, debemos apoyar las medidas que defiendan al campesinado. Pero lo que debemos tener muy claro es que la política imperialista busca enfrentar los sectores de agricultura campesina con los de agricultura comercial, con el sector empresarial colombiano. “Divide y reinarás”. Y es igual en los demás países de América Latina y del mundo subdesarrollado, vale para todos.

¿Qué es lo engañoso de esa política? Lo que ocurría al empezar a imponer la apertura económica. Los articulistas del gobierno separaban la agricultura de la industria: “Acaben con la industria, con esos monopolistas, pero al sector agropecuario no le toquen un pelo”, alcanzaron a decirnos varios de los más “ilustres” dirigentes del sector agropecuario colombiano. Les respondimos con un dicho popular: “Si rasuran al vecino, pon tu barba a remojar”. Ahora nos plantean: Defendamos a los pobres agricultores que no tienen con qué comer ni con qué sembrar, hagamos una política caritativa, una política de subsistencia, de apoyo a la agricultura campesina. A los que tienen 20, 50 ó 100 hectáreas en arroz o maíz no deben ser defendidos porque hacen parte de los ricos. ¿Y cuál es la esencia de esa posición? Que el pequeño agricultor de subsistencia no les compite a las multinacionales, porque no alcanza a sacar sus productos al mercado, y si lo logra hacer no importa porque son el tomate de árbol, la mora de Castilla, la uchuva, productos que no les interesan al imperialismo y a las multinacionales comercializadoras de productos agrícolas. Incluso cuando compiten también son víctimas, como en el caso del fríjol sometido a la competencia de las importaciones o como la lenteja y el garbanzo destruidos con la producción foránea

Pero el arroz, el maíz, el trigo, la cebada, el sorgo y la soya, esos sí les interesan. Su política es acabar con ellos. Atacan la agricultura relativamente desarrollada existente en el país, y mientras tanto hacen demagogia defendiendo al pequeño campesino que no es factor de competencia. Pero, además, el imperialismo y las clases dominantes necesitan que la agricultura de subsistencia se mantenga, sobreviva, porque en determinado momento va a servir como un colchón de seguridad para la sociedad o para inmensas capas de la población, empezando por los mismos agricultores de subsistencia que no se van a morir de hambre porque pueden comerse así sea las raíces de los árboles de su pequeña parcela.

La empresa agropecuaria tiene ese problema: no sirve como alimento cuando en determinado momento la quiebran. Usted no puede comer tierra o tamo de arroz. Por eso la falta de ese colchón de seguridad, de ese amortiguador, de unos millones de campesinos en agricultura de subsistencia, puede llevar a las más explosivas movilizaciones y levantamientos en estos países subyugados por el imperialismo. En la situación conflictiva del mundo actual, de agudización de contradicciones crecientes, el imperialismo tiene que mantener esos colchones de seguridad que no le cuesten mucho mientras obtiene cada vez mayores ganancias en la medida en que elimina competidores en la producción de cereales y alimentos estratégicos.

Es muy importante no dejarnos meter gato por liebre. Esa propaganda miserabilista de defensa del campesino paupérrimo y de ataque a los agricultores y empresarios agrícolas y ganaderos es una política contra la nación, es una política contra la producción agropecuaria, es una política claramente imperialista.

Al campesino tenemos que decirle que debe unificarse con los demás sectores de la producción agraria para luchar por la agricultura, por investigación, por crédito de fomento, para que se cierren las importaciones masivas de productos agrícolas, primera medida que debería tomarse para una reactivación en este país. No solo en el sector agropecuario, sino una reactivación en general pues al recuperarse el campo irradia desarrollo para el resto de la economía y de la sociedad. Todas las palabrejas de reactivación que se suelten, son pura y física mentira mientras no se tomen las medidas de proteger el mercado interior; que los 40 millones de colombianos consuman los productos de la nación. Con la propaganda imperialista que muchos aceptan, se dice: ¡maldita sea! es mejor comprar lo de afuera, pues es de más calidad y más barato. Pero Estados Unidos en el siglo XIX y en buena parte del siglo XX, en su disputa con las potencias europeas, y especialmente con Inglaterra, unificó el país para defender su economía, protegió su mercado interior, así lo de afuera llegara más barato y de mejor calidad. ¿Por qué Estados Unidos es hoy una potencia? Porque fue inmensamente proteccionista frente a la Europa más desarrollada de la época, y especialmente frente a Inglaterra.

Alemania tuvo conflictos grandes con Inglaterra en el siglo XVIII porque aplicó una política proteccionista frente a la amenaza de las invasiones de mercancías y cereales de Inglaterra. En la situación de hoy, Estados Unidos hace propaganda por todos los medios y en todas las formas y tiene intelectuales y gobernantes fletados para defender la libertad de mercado y combatir el proteccionismo de los demás países, pero ellos son altamente proteccionistas. Se protegen en mil formas: controlan el crédito a los países y empresas que quieran o intenten producir para la exportación y que compitan con los productos norteamericanos.

Pero a nosotros nos imponen la apertura. Y nuestros gobernantes dicen: ábranse. Lo peor es que una inmensa cantidad de personas y dirigentes, inclusive del sindicalismo, aceptan que tenemos que abrirnos, y cuando no se atreven a decirlo así pretenden meterse por la puerta de atrás con posiciones vacilantes, dizque de concertación, cuando lo que se requiere para el país y especialmente para la clase obrera es ponerse al frente de la lucha contra el neoliberalismo y por la defensa de la producción nacional.
Un caso especial

Colombia tiene una industria azucarera importante, eficiente, alcanza para exportar y atiende todo el consumo nacional. Aquí no se ha importado una tonelada de azúcar. Este mercado ha estado altamente protegido por los distintos gobiernos desde su nacimiento. Es una industria que se ha desarrollado sobre la base del mercado interno. El Valle del Cauca es económicamente una de las regiones más importantes de nuestro país. Y esa importancia se le debe principalmente al azúcar. Pero a los colombianos no se les dice, en esta época de aperturas, que el crecimiento del Valle y de su industria azucarera se ha dado es con el mercado nacional. Es con el consumo nacional como se han enriquecido y modernizado los ingenios. A ninguno de los dirigentes de los gobiernos de los últimos veinte años les ha dado por importar azúcar, mucho más barata en el mercado mundial. Es decir, “resultaría más barato traerla del exterior que producirla acá”. Pero para los potentados del azúcar eso no es aplicable. Tenemos que aclarar que no estamos pidiendo que eso se haga, sólo mostramos cómo la política es para unos y para otros no. Lo que pedimos es que esa política de protección se aplique para todos, así los productos salgan temporalmente más caros aquí, porque es la única manera de impulsar el desarrollo nacional. No hay país que haya logrado su desarrollo sin la protección de su mercado. “Es mejor la cizaña del país que el trigo del extranjero”, dice un proverbio oriental.

Y cuando el azúcar colombiano empezó a sentir pasos de animal grande con el Área de Libre Comercio de las Américas, ALCA, primero, y luego con el TLC que Estados Unidos pretende imponer para todo el continente a partir del año 2005, Álvaro Uribe Vélez les montó el gran negocio de los agrocombustibles, con fuertes garantías y cuantiosos subsidios estatales.

6. El otro punto de dificultades para la agricultura nacional es el de los insumos. En 1992 y 1993 nos hacían propaganda en el sentido de que la apertura era muy buena porque los agricultores iban a ver cómo los insumos, los productos necesarios para la producción agropecuaria, se iban a rebajar y que así se podría producir con menos costos y, por tanto, se conseguirían condiciones para competir con el productor extranjero. Falso de toda falsedad. Los insumos agropecuarios han continuado su marcha hacia arriba en precios y hacia abajo en calidad. Inclusive las multinacionales estuvieron muy contentas en los primeros años de la apertura porque como había libertad de precios, los pudieron subir a su arbitrio. El producto activo, que tenían que importarlo de la casa matriz, lo traían con arancel cero o muy bajo, pero el precio de venta al agricultor no bajó.

Los gobiernos no se han preocupado nunca por el costo de los insumos; han aplicado la plena libertad de explotación, de saqueo. La quiebra de la producción agropecuaria nacional hace que la demanda de agroquímicos disminuya y buscan compensarla con el aumento del precio y vender menos pero más caro. Lo que no se sabe es hasta cuándo podrán seguir estirando el caucho.
Volvamos a la historia y a los avisos no atendidos

El 4 de octubre de 1972, Octavio Franco y Carlos Naranjo, en ese momento presidente y secretario general de la Asociación Colombiana de Ingenieros Agrónomos, ACIA, respectivamente, señalaron en una carta dirigida a Asohuevo, la entidad gremial de ese sector avícola: “En la ACIA hemos analizado en varios documentos cómo los distintos institutos y organismos oficiales del sector agropecuario solamente son instrumentos de una política agraria que golpea a los campesinos pobres y medios, a los empresarios agrícolas no monopolistas, a los pequeños y medianos ganaderos y, entre ustedes, principalmente a los pequeños y mediano avicultores… Hemos dicho claramente que esta política favorece y fortalece a los grandes propietarios de las distintas ramas del sector agropecuario y a los monopolios norteamericanos… Hemos repetido, casi hasta el cansancio para quienes no comprenden nuestra posición, que la política agraria colombiana (oficial) es una política imperialista (impuesta, dictada por los monopolios norteamericanos) y proterrateniente (que favorece a los terratenientes colombianos, pues éstos deben ser beneficiados por esa política imperialista para servir de soporte y fachada a la explotación y dominación norteamericana sobre nuestro pueblo y nuestra nación)… Decimos, por ejemplo, que en Colombia, en ningún momento deberíamos importar maíz, ni aceites vegetales, ni trigo, ni torta de soya, ni… nada, pues Colombia tiene condiciones óptimas, en todos los aspectos, para producir lo que necesitamos. Otra cosa es que el monopolio de la tierra en manos de los grandes terratenientes, el alto costo de los fertilizantes, los pesticidas y la maquinaria, lo deficiente y caro del crédito agrícola y las importaciones de excedentes agrícolas por parte del Idema no permitan nuestro desarrollo agrícola (¿Sabían ustedes que el Idema ha importado excedentes de maíz a través de la ley pública 480 de los Estados Unidos, pagando los precios más altos que se han pagado en Colombia por este producto, muchísimo más altos que los que se han pagado a cultivadores nacionales cuando esos precios se han calificado de especulativos? ¿Y sabían ustedes que los gringos ganarían regalando esos excedentes agrícolas y, sin embargo, “nuestro” Idema los paga muy por encima del precio vigente en el mercado internacional?).

… Entendemos que el maíz, el sorgo, la soya, el algodón, el ajonjolí, son elementos necesarios para la producción de concentrados, “alimento” de la industria avícola. Y entendemos también que la producción de dichos concentrados está monopolizada por unas pocas firmas norteamericanas. Y sabemos, además, que el precio de los concentrados sube y sube y sube… Los productores agrícolas, los avicultores, los productores de leche, los cunicultores, no son sino parte de un todo, la economía colombiana. Y el enemigo es totalmente identificable: Estados Unidos y sus servidores en el país.

… La ACIA cree, señores de Asohuevo, que la solución para sus problemas está no en implorarle al gobierno “la importación de determinadas materias primas que el país no produce en cantidad suficiente…” sino en luchar por la defensa de toda la industria colombiana y en contra de los grande monopolios norteamericanos y los grandes “propietarios” criollos que generalmente lo único que hacen es servir de intermediarios a aquellos. Detrás de la crisis avícola (crisis significa ruina para muchos pequeños y medianos avicultores y la conversión en empresas mixtas de algunos un poco mayores) está, lo aseguramos, la concentración de la industria avícola en un número cada vez menor de grandes propietarios”.

En ese mismo año, el lunes 16 de julio, en la página 7B de El Tiempo, habíamos leído que el doctor Luis Guillermo Vélez, gerente del Idema, declaraba: “La producción de trigo ha rebajado en los últimos 10 años, mientras los consumos se han incrementado en proporciones sustanciales. En 1962 el país producía 120.000 toneladas, con lo cual prácticamente se autoabastecía. Hoy la producción es apenas de 50 mil toneladas y la demanda es de 400 mil. Hubo una serie de factores que influyeron en la merma de la producción. El fomento se dio a la producción de cebada y Estado Unidos entregaba volúmenes grandes de trigo a Colombia, en los llamados acuerdos de excedentes agrícolas, con financiación a 20 años e intereses bajísimos”.

Por primera vez un directivo del Gobierno confesaba que la importación masiva de excedentes agrícolas era una de las causas (¿la principal?) de la menor producción triguera, pues lo que nos decían siempre nuestros “inefables” colegas directivos del ICA era que todo se debía a problemas agronómicos.

En 1972 se exportaron, según el informe oficial de Minagricultura, un total de 535.600 toneladas de distintos productos agrícolas (ajonjolí, algodón fibra, arroz, azúcar, banano, frijol, tabaco y flores). En 1973 esas exportaciones (adicionando hortalizas) llegaron solamente a 388.400 toneladas. Es decir, las exportaciones bajaron 147.200 toneladas en 1973, con relación a 1972.
Con las importaciones ya se vivía algo diferente: entre 1971 y 1973 se importaron anualmente 559.100 toneladas de diversos productos agrícolas (algodón fibra, cacao, cebada, maíz, sorgo, soya, tabaco, trigo, y aceites). De esos mismos productos, en 1974 se importaron 648.400 toneladas; quiere esto decir que se aumentaron las importaciones en 89.300 toneladas, con relación al promedio de los dos años anteriores.
Cada vez se exportaba menos y se importaba más. La política del Ministerio de Agricultura no respondía a las necesidades del país. Era una política dependiente cada vez más de las orientaciones del Departamento de Agricultura de los Estados Unidos.
Con fecha 10 de mayo de 1974 aparecieron en las páginas agrícolas de El Tiempo varias informaciones y comunicados sobre la producción cerealera nacional e internacional.

Una de ellas, bajo el título Critica situación en cultivos de cereales, anota que “los dirigentes de este sector de la agricultura señalan que promediando las cifras de la última década, se llega a la conclusión de un descenso en la producción sin que se hayan tomado medidas oficiales efectivas para contrarrestar este desaliento”. Sobre trigo dicen que “durante 1963 se cultivaron en el país 150 mil hectáreas, para una producción de 162 mil toneladas. Diez años más tarde, en 1973, el área disminuyó a 56.500 hectáreas con una producción de 76.400 toneladas”… “Se considera que el subsidio a las importaciones de este cereal le vale al país $1.500 millones por año y que el precio del producto nacional se vino a reajustar a partir del año 1972 cuando “ya el enfermo no tenía cura”. Agrega que “en Colombia se le derrota (al trigo) al seguir con la política de importaciones”. Sobre la cebada comentan que debe estar “también haciendo frente al espectro de las importaciones y a la política oficial del no hacer excedentes exportables” Sobre el maíz “los dirigentes cerealistas culpan del desánimo en los cultivadores de maíz a la política seguida por el Idema”. Sobre el sorgo “los cerealistas afirman que, como a los demás cereales, al sorgo también se le ha aplicado `un freno´ al tomarlo como instrumento para controlar el alza del huevo y la carne de pollo, al abolirse el crédito para bonos de prenda y comprar sorgo gringo para desbancar al sorgo nacional”.

En El Tiempo del 19 de mayo, y bajo el titulo “EEUU aumentó la exportación agrícola”, encontramos la causa fundamental de la crisis en la producción nacional de cereales: la política agraria oficial está al servicio de la economía norteamericana, interesada en el fomento de las exportaciones de los productos básicos de la dieta alimentaria. Por ello la importación de excedentes agrícolas norteamericanos aumentará notoriamente cada año, pues a Colombia la necesitaban convertir en una gran importadora de la producción agrícola norteamericana. El Tiempo lo decía: “Estados Unidos duplicó con creces sus exportaciones agrícolas a la América Latina, debido en gran parte a los cuantiosos aumentos en los volúmenes y precios de los granos que vende a la región. El Departamento de Agricultura de los EE.UU. estimó hoy que las exportaciones agrícolas a la América Latina posiblemente alcancen un valor de 2.500 millones de dólares al terminar el año fiscal de 1974, el 30 de junio”.

El Idema fue refinanciado para hacer grandes importaciones agrícolas de los EE.UU., lo que significó la ruina de miles de agricultores colombianos y, a la larga, un mayor precio de estos productos y una mayor alza en el costo de la vida.



La Carta de ACIA escribía en ese entonces (1974): “Una de las primeras medidas tomadas por el gobierno fue precisamente la de suspender el subsidio que sobre el trigo, y a través de las importaciones de este cereal, existía desde años atrás…La historia de esta situación la hemos denunciado repetidamente. Pero sería bueno recordar que la producción de trigo, como posteriormente con el maíz (el pan dizque lo van a reemplazar por arepa, pero, ¿dónde está el maíz para esas arepas?), se empezó a quebrar en el país precisamente con las importaciones de excedentes norteamericanos a finales de la década de los cincuentas. Importaciones que el gobierno defendía en 1957 con las declaraciones de Raúl Varela Martínez, jefe de Planificación del Ministerio de Agricultura: `La parte noble del convenio – entre los gobiernos de Colombia y Estados Unidos para importar trigo y sus derivados, aceites y algodón durante 1957, 1958 y 1959 por un valor de US$20.400.000 - está en que el pago que debe hacer Colombia a EE.UU se hace en moneda colombiana. Otra ventaja es que del valor total de las importaciones el gobierno de Colombia puede tomar el 60% para empréstitos a 30 años y 4% de rata con destino a obras de fomento agrícola e industrial. Y otra ventaja más es la de que el trigo, la harina y la sémola se pueden vender a 30% más barato que el precio nacional´”.

…Con estos argumentos: `Empréstitos para importar excedentes, a largos plazos, bajos intereses y un precio mucho menor, fue como terminaron con la producción triguera nacional, que en 1955 casi abastecía el consumo interno: `Es más barato importarlo que producirlo aquí. Y además en condiciones ventajosísimas´. Así hablaban los magos de la política nacional. Los magos de la entrega nacional. Los magos de la quiebra nacional, hoy muy clara cuando después de pocos años lógicamente no producíamos trigo y lo tenemos que seguir importando a precios altísimos y en condiciones desventajosísimas. Los resultados fueron muy concretos. Alza tremenda en el precio del trigo y del maíz. Alza en el pan y en la arepa, mayor hambre para el pueblo.

…Y mayor enriquecimiento para los monopolios importadores y panificadores que si bien a través de los subsidios obtenían muy buena tajada, ahora con las medidas tomadas por el `Mandato Caro´ sacarán doble ganancia, pues hay libertad de importación (y libertad de explotación y especulación) y el presidente López ha dicho claramente que los precios son incontrolables… Claro que rápidamente se apresuran los sectores oficiales a hacer propaganda en el sentido que al suspender el subsidio se estimulará la producción de trigo nacional. Nosotros decimos: ¡mamola! Con subsidio o sin él la política agraria oficial (como lo repetimos miles de veces) está orientada es a los negocios especulativos aunque se quiebre la producción colombiana.

En muchas ocasiones los ingenieros agrónomos nos referimos a las desastrosas consecuencias que para el desarrollo de la agricultura colombiana tuvo (y sigue teniendo) la política de importación de excedentes norteamericanos. Denuncias concretas y oportunas hicimos sobre cómo la importación de maíz y fríjol ha causado la ruina a gran cantidad de agricultores y el desestímulo a otros muchos que ven disminuidas sus ganancias por la baja en el precio del producto, a causa de la importación de grandes cantidades cuando llega precisamente la cosecha en el país. El cultivador, ya explotado y golpeado con el alza en el precio de maquinaria, semillas y fertilizantes, insecticidas, arrendamientos y distintos servicios para su producción, encuentra que todavía debe soportar más, pues al momento de vender, la baja en los precios es vertical.




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